viernes, 20 de diciembre de 2013

Igual de gilipollas

Me resulta sorprendente -en un ejercicio de ahorrarme otro adjetivo menos compasivo- lo poco que hemos cambiado desde que su Excremencia pasó a mejor vida a mediados de los '70. Uno pensaba que habíamos superado casi toda la caspa y la naftalina que nos acompañaban entonces nada más encender la televisión, y que el país ya no olía tan a cerrado como antes, que nos podíamos quitar los manguitos y las viseras, echar al mar los restos de Brummel y entrar de lleno en una nueva época llena de avances científicos, de desarrollo humano y de progreso y bienestar para todos.


Pero parece ser que no. Por lo menos eso debieron pensar los astutos programadores del imperio de Antena 3, que nos colaron el otro día un Hormiguero especial con la presencia del defenestrado pero aún boqueante Uri Geller. Por supuesto yo no lo ví, pero ¿se volvieron a ver aquellas caras de asombro, a escuchar aquellos "uhs" y "ahs" de antaño, se intentó dar cuerda a los viejos relojes o doblar cucharillas de café como si fueran de plástico? Apostaría un brazo a que sí. No hemos aprendido nada de nada, seguimos igual de aborregados, de previsibles, de planos, de crédulos... de gilipollas.

Y la prevista aparición del farsante nada menos que para el día 30 de diciembre, el penúltimo del año, junto a Alaska y Mario Vaquerizo promete ser un digno pre-fin de año.

En fin, es nuestro sino. La Historia, como el ajo, se repite, lo malo es que siempre se empeña en repetir lo peor de nosotros.

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