martes, 14 de mayo de 2013

Muchos estamos cansados de escuchar a muchísimas personas comentar el carácter dogmático de la Ciencia, sus presuntamente inamovibles postulados, su enroque ante realidades que dicen alternativas y novedosas, su desapego de todo lo que no sea empirismo y experimentación. A fuerza de resultar pesado, comento otro ejemplo (otro más) de que la Ciencia es, en realidad, todo lo contrario, que es algo abierto a nuevas ideas, que se mueve con el mundo y con las personas, siempre en continua revisión y siempre en continuo avance. Y afecta nada menos que a Albert Einstein.

Tres científicos, tres opiniones

George Lemaître, sacerdote y sin embargo astrofísico, de nacionalidad belga, fué el primero en aventurar que quizá el Universo tuvo un principio, un momento primigenio -que luego se popularizó como el 'Big Bang'- al cual sigue desde entonces una initerrumpida expansión de toda la materia, convertida ya en estrellas, galaxias y planetas. Esto lo hizo en 1927.

Años antes, en 1915, Albert Einstein había publicado sus ecuaciones sobre la relatividad general, y aunque las mismas preveían ya dicha expansión, al propio Albert no le cayeron en gracia. Del propio Lemaître llegó a decir que no tenía ni repajolera idea de Física. Y en un gesto poco científico -como más tarde reconocería- se sacó de la manga un concepto, la 'constante cosmológica', que permitiera digamos soslayar esa molesta para él característica de la expansión de la materia. Y así quedó la cosa durante algunos años.

Hete aquí que otro científico, el astrónomo Edwin Hubble, descubrió y probó que, efectivamente, las galaxias se alejan unas de otras, a mayor velocidad cuanto mayor es la distancia entre ellas, confirmando la teoría del cura belga.

Y Einstein reculó

La cosa era tan evidente que había que hacer algo para evitar la confrontación entre estos tres grandes pensadores, así que se convocó una reunión tripartita, a la que acudieron Lemaître, Hubble y Einstein, donde el cura tuvo ocasión de explicar pormenorizadamente su teoría, apoyada por los datos incontestables de Hubble. Y a Einstein no le cupo más remedio que aceptar que se había equivocado de plano, y lo hizo con la elegancia propia de un científico apasionado por conocer la verdad de las cosas. Allí mismo pronunció una de sus frases más famosas:

"Esto es lo más hermoso que jamás he visto"

A la que siguió otra de sus frases lapidarias: "La constante cosmológica es la mayor pifia que he cometido en mi vida".

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