domingo, 11 de marzo de 2012

El antropólogo inocente


Me levanté y le estreché la mano cortésmente [a un brujo de la lluvia al que había entrevistado].«Discúlpeme —dije—, tengo que guisar un poco de carne». Al menos es lo que pretendía decir, pero debido a un error de tono declaré ante una perpleja audiencia: «Discúlpeme, tengo que copular con el herrero». (Barley, 1989: 77).
 Este párrafo pertenece a un desternillante, aunque riguroso, libro sobre antropología titulado 'El antropólogo inocente', cuyo autor es Nigel Barley. El autor pasó largas temporadas entre la tribu dowayo de Camerún, en el que fué su primer trabajo de campo, y fué tan motivador y extraordinario que decidió escribir un libro sobre su experiencia.

Quizá el humorista Gila leyó también el libro, pues cuenta el autor que los dowayo, en determinadas circunstancias graves, o ante sucesos embarazosos, emplean para hablar entre ellos la tercera persona. Así por ejemplo, un individuo va a comunicar a otro que su vehículo se está incendiando, y lo hace de esta manera:

"Yo sé de alguien al que se le está quemando el camión..."

En otro párrafo nos cuenta el autor:

“No me llamaban nunca mentiroso, pero cuando trataba de hacerles tragar alguna falsedad particularmente flagrante como la existencia de trenes subterráneos o el hecho de que en Inglaterra no haya que pagar las esposas adoptaban una peculiar expresión facial” (Barley, 1989: 133).

En una ocasión el autor sufre un terrible dolor de muelas, por lo que se interesa por algún tipo de dentista o similar:

Dentro de la consulta había cierta cantidad de instrumentos dentales en un estado lamentable y un gran diploma de la Universidad de Lyon, lo cual le tranquilizó un poco. Tras explicarle su problema al grandullón que había en la consulta, éste agarró unas tenazas y sin más dilación le arrancó los dos incisivos. Según declaró, los dientes estaban podridos. Me quedé sentado como un pasmarote (la sangre me corría por el pecho de la camisa) y traté de hacerle comprender que ya podía emprender el siguiente paso del tratamiento. Añade Barley que no resulta sencillo discutir en un idioma extranjero faltándole a uno dos incisivos. Al final, el individuo se irrita y le dice que si no está satisfecho llamaría al propio dentista. Así es, el que le había arrancado los incisivos no era dentista, era mecánico, y también arreglaba relojes. Había caído, dice el antropólogo, en la trampa de creer que cualquiera que se encontrara en un consultorio dental con una bata blanca y preparado para sacar muelas era dentista. 

En fin, numerosas anécdotas, algunas no tan divertidas, en un libro muy agradable de leer y que recomiendo con fervor.

Aquí puede leerse el libro completo
Aquí hay un resumen erudito del mismo

1 comentario:

  1. Uno de mis libros favoritos. Escribí una reseña hace algún tiempo. http://kpitel.blogspot.com.es/2011/03/el-antropologo-inocente.html

    Saludos.

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